MIMO

 Decidió abandonar las palabras.

Como ave migratoria huyó

de lo que no era capaz de decir,

de lo que no fue capaz de soltar.

 

Cuando te conoció

supo que eras lo que estaba buscando,

supo que eras el cuerpo

donde quería dibujar su destino.

 

Y tenías esa forma de reírte

que era el viento

que quería para su rumbo

 

Y tenías esa forma de expresarte

que era todo lo que deseaba

para llenar los huecos de su corazón.

 

Hasta que un día despertó

y, por miedo a no ser correspondido,

desapareció sin dejar rastro.

 

Hasta que llegó el día en que volvió,

esta vez transformado en mimo

para que no lo reconocieras,

para volverte a ver,

para escucharte reír o llorar.

 

Y allí se quedó,

como un diente de león

que insiste en brotar

en un corazón que ya no lo reconoce.

SI ME PREGUNTASES

 Colores difuminados

la habitación del revés

y tu sombra acostada sobre la cama

que se encuentra pegada al techo

 

Si me preguntases si he pensado en ti

te mentiría y te diría que no,

si me preguntases si eres un pilar de mi futuro

te mentiría y te diría que no.

 

Quilómetros de distancia

y un camino que recorrer

para que la ilusión gane a la realidad

se rompa el silencio de las palabras que tengo por decir.

 

Si me preguntases si tú eres mi gravedad

te mentiría y te diría que no,

si me preguntases si tú eres mi primavera

te mentiría y te diría que no.

 

La noche encierra los cadáveres de mis timideces

y aquí en la habitación que he dibujado al revés

observo y hablo a tu sombra

para sentirme lo más cercano a ti.

 

LOS ELEGIDOS

 Decían que éramos los elegidos.

Jamás imaginamos que aquel “obsequio”

nos llevaría a ser materia de experimento,

cobayas de laboratorio.

 

Nadie nos dijo el dolor que vendría:

el exilio forzado,

arrancarnos partes de nosotros,

despellejarnos sin anestesia,

triturarnos hasta destrozarnos por dentro, 

obligarnos a olvidar lo que fuimos,

a no reconocernos en los espejos.

 

Nadie nos dijo que ser los elegidos

significaba el encierro,

perder el sentido de la razón,

ser prisioneros del paso del tiempo, 

habitar en un lugar sin amaneceres.

 

Nadie nos dijo que en la última etapa

seríamos placer sin sentir el placer,

lujo sin tocar el lujo,

y que el día de nuestra muerte

llegaría porque dos amantes

celebraban su amor

bebiendo nuestra esencia transmutada.

 

TU DEMOCRACIA

 

 

Entre que el despertador vuelve a traicionarte

y la repetición de los días que acaban en s

te deja extenuada, enlazas realidad con hastío.

 

Como los libros de autoayuda

o las religiones ancestrales

solo te crean confusión

y sigues sin encontrar el agujero

de la madriguera por donde colarte,

has decidido, mientras recuerdas

tus viejos pasos de ballet

alquilar un tiranosaurio rex por unos días.

 

Para cocinar tus propias leyes,

consumir tu propia democracia.

 

Mientras hay quien busca el beso de un sapo

que la transforme en princesa de cuento,

tú sabes que eso no es felicidad.

 

En todo caso son esos momentos

cuando fumas hierbas élficas

y las volutas de humo

que flotan a tu alrededor

dan forma a tus mundos felices.

 

Para aliñar tus principios,

alimentarte con tu propia democracia.

 

EL HOMBRE DE LOS TEJADOS

 Vivía en los tejados,

huyendo del recuerdo de aquel día fatídico,

de los mares de plástico

que cubren el asfalto,

de los alquileres imposibles,

de la plaga de langostas

que devora el estado del bienestar.

 

Vivía en los tejados:

aprendió el idioma de los gatos,

a cazar a los hombres cucaracha

y a los hombres rata.

Maulló su nombre, le dedicó una canción

para que el olvidó no volviera

a jugarle una mala pasada.

 

Se mudó a los tejados

y se hizo funambulista

del dolor y la rabia contenida.

Aquel día en que la metástasis

derivó en un final cruel e inevitable,

campos de cebollas inundaron sus ojos

y supo que jamas volvería

a celebrar el primer domingo de mayo.  

TIEMPOS VERBALES

Haremos protagonista a la tercera persona
para evitar la primera,
para que no te des cuenta,
por si hablo de ti,
por si uno la esperanza a tu nombre
y me enfrento
a una negación, a un silencio,
a un “francés” como despedida.
 
Si acentúo lo anterior
y desenredo su trazado,
para él lo real era conocerte
sin medir el tiempo verbal,
deslizándose por un espacio cuántico
en tus palabras, en tus miradas.
 
Conjugar con sus manos
tu lenguaje, y atravesar
la frontera de tu piel,
siguiendo la geometría de tus curvas,
respirando tu ritmo,
hasta rozar el punto de ebullición
de tu vibración.
 
En los pliegues del subjuntivo,
negando todos los pretéritos,
descender hasta tu centro de gravedad,
ahí donde las almas se reconocen
sin pronunciarse, creando la sintaxis
donde los cuerpos levitan,
uno orbitando en el otro.

SOBRE MONSTRUOS

Lo sé, lo sé: el monstruo
habita detrás de la puerta del armario
que uno mismo talló,
que uno mismo pintó,
que uno mismo esculpió.

Quise no irme sin despedirme,
pero se me juntaron las ganas de matar
y esa voz,
con su tono maquiavélico,
con su modulación empoderada,
me arrastró a la impotencia
y a ciertos hijos de puta
que ayer y hoy insisten
en imponer su verdad, su rigidez.

Lo sé, lo sé: el monstruo
está detrás de la puerta del armario
que uno mismo creó,
que uno mismo invocó,
que uno mismo recitó.

Quiero pensar que hay platillos volantes
esperando en el cielo, por si todo falla,
por si nos siguen anestesiando con sus esloganes y sus luces de neon,
por si nos siguen callando,
por si no soy capaz de detener el mundo
y encontrar una isla virgen
donde quieras venir conmigo
y empezar de cero.

LLUVIA DE ESTRELLAS

 Lluvia de estrellas

que mojan tu cuerpo,

pegando tu vestido

sobre tu piel

y despertando la primavera

dentro de ti.

 

¿Cómo salvar la distancia,

cómo trazar ese sendero

de baldosas amarillas

que una dos latidos

tan lejos uno del otro?

 

Lluvia de estrellas

que acarician tu rostro,

que pendulan por el borde

de tu sonrisa, cerrando episodios

y abriendo otros que aún no tienen nombre.

 

¿Cómo ser lo bastante valiente

para manifestar un puente

que doblegue tiempo y espacio

para invitarte a que nos bebamos juntos el futuro?

DEJAR DE ESTAR Y SER

 Dejaste de estar

porque dejaste de ser.

 

Te repugnaba

el reflejo del espejo

la sombra que te acompañaba

en tus gestos inseguros

en tus impulsos ebrios.

 

Dejaste de estar

cuando hiciste del silencio

tu respuesta a las llamadas

y de la huida tu nuevo destino.

 

Dejaste de ser

cuando al final ganaste

esa noche que buscabas una victoria

en el maldito juego de la ruleta rusa.

 

SANGRE Y VINO

Todo es polvo, barro.
La fatiga de contradecirte
te revienta por dentro.

Deshojas margaritas
frente a un mar
que, si lo alzas como una manta,
deja al descubierto el infinito.

La ebriedad —mala estrategia—
para hacer sangrar el presente,
que aún no ha sido capaz
de colonizar tus anhelos,
tu deseo,
ese idioma secreto
que recitas en tu cabeza.

Si alguna vez encontramos
nuestro lugar en el mundo,
y Libre a nuestro lado
ladrando de alegría,
no lo dudes:

descorcharemos una botella de vino
y brindaremos
por haber llegado.